La agricultura regenerativa puede ayudar a reconstruir la integridad ecológica de los sistemas agrícolas. Al combinar prácticas como la labranza mínima, la agroforestería, el manejo holístico de pastos y la reducción de insumos sintéticos, puede conducir a una mayor resiliencia de los cultivos, una mejor retención de agua y una productividad a largo plazo.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, la agricultura representa aproximadamente el 12% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la UE; sin embargo, los suelos bien gestionados tienen un potencial significativo para la captura de carbono. Esto posiciona a la agricultura regenerativa como una palanca clave dentro del Pacto Verde Europeo y la Estrategia De la Granja a la Mesa, y hace que el intercambio de buenas prácticas verificadas entre las granjas europeas sea el camino más práctico hacia una adopción generalizada.